
Tuxpan, Ver.— El dieciséis de febrero de mil ochocientos noventa y cinco quedó registrado en publicaciones económicas de la época como una fecha preocupante para la región de Tuxpan. Una severa sequía comenzó a impactar de manera directa la producción de plátano, uno de los cultivos más dinámicos y prometedores de Veracruz Norte a finales del siglo XIX.
En aquellos años, Tuxpan no sólo era un puerto en crecimiento, sino también una zona agrícola estratégica. El plátano, junto con otros productos tropicales, encontraba salida comercial por vía marítima hacia distintos puntos del país e incluso al extranjero. La economía regional dependía en buena medida de los ciclos agrícolas y, por supuesto, de las lluvias.
El golpe al campo
Los reportes publicados en medios especializados de la época señalaban que la falta de precipitaciones estaba reduciendo el tamaño y la calidad del fruto. Los racimos no alcanzaban su desarrollo habitual y muchas plantaciones comenzaron a secarse antes de tiempo.
En un contexto donde los sistemas de riego eran prácticamente inexistentes y la tecnología agrícola era limitada, la lluvia lo era todo. Sin agua suficiente:
- Se redujo la cosecha.
- Se encareció el producto.
- Disminuyeron los envíos desde el puerto.
- Se afectaron jornaleros, comerciantes y transportistas.
El impacto no fue menor. La economía platanera generaba empleos temporales y permanentes; su caída significó menos ingresos para numerosas familias tuxpeñas y de comunidades aledañas.
El puerto y la exportación
A finales del siglo XIX, el puerto de Tuxpan ya se perfilaba como un punto importante para la salida de productos agrícolas. El plátano, por su demanda creciente, era considerado una apuesta comercial sólida.
La sequía de mil ochocientos noventa y cinco evidenció la fragilidad de una economía dependiente casi por completo de los fenómenos naturales. Cuando el clima fallaba, todo el engranaje productivo se resentía.
Lecciones de un pasado agrícola
Este episodio histórico nos recuerda que Tuxpan ha sido, desde hace más de un siglo, una tierra que vive entre el río y el campo. El Río Tuxpan, fuente de vida y comercio, ha sido testigo tanto de inundaciones devastadoras como de sequías que paralizan la producción.
La sequía de aquel dieciséis de febrero no fue sólo un dato estadístico; fue una advertencia temprana sobre la necesidad de infraestructura hidráulica, diversificación productiva y planeación agrícola, temas que siguen vigentes en la actualidad.
Hoy, cuando hablamos de cambio climático, variabilidad estacional y afectaciones al campo veracruzano, vale la pena mirar atrás. En mil ochocientos noventa y cinco, Tuxpan ya experimentaba lo que significa depender del agua para sostener su economía.
Las efemérides no son sólo fechas: son memoria viva del carácter resiliente de nuestra región.










