
En una época en la que el país aún acomodaba las piezas que dejó la Revolución Mexicana, Tuxpan despertó con tinta fresca. Era 16 de enero de 1934 cuando comenzó a circular “El Puerto”, Semanario Popular Independiente, una publicación que no solo informaba: interpretaba la realidad local y la devolvía a sus lectores con identidad, crítica y sentido de pertenencia.
Un periódico nacido desde el muelle hacia la calle
El nombre no era casual. El Puerto evocaba movimiento, comercio, llegada y salida de ideas. En un Tuxpan donde el río era arteria económica y social, el semanario se convirtió en puente entre los acontecimientos y la opinión pública. Su carácter de popular e independiente marcó una postura clara: no responder a intereses de poder, sino a la comunidad que lo leía cada semana.
Periodismo en tiempos difíciles
Publicar un medio impreso en 1934 no era tarea sencilla. La infraestructura era limitada, el papel costoso y la distribución un desafío. Aun así, El Puerto logró mantenerse activo hasta diciembre de 1936, señal de que encontró lectores, eco y necesidad. En sus páginas se abordaban asuntos cotidianos, política local, vida portuaria y problemáticas sociales, en un momento en que la prensa regional era la principal fuente de información confiable.
La importancia de la prensa local
Antes de la radio masiva y décadas antes de la televisión, los semanarios como El Puerto cumplían una función esencial: documentar la historia mientras ocurría. Gracias a ellos hoy es posible reconstruir debates, conflictos y aspiraciones de una ciudad en transformación. La prensa local no solo informaba; formaba opinión y memoria.
Un legado que sigue vigente
Aunque su circulación fue breve, El Puerto dejó huella. Representa una etapa en la que Tuxpan se pensó a sí mismo desde el papel, cuando el periodismo era oficio, riesgo y compromiso. Recordar su aparición cada 16 de enero es reconocer el valor de quienes apostaron por contar la historia desde lo local, con recursos limitados pero convicciones firmes.
Hoy, en la era digital, cuando la información viaja en segundos, la historia de El Puerto nos recuerda que la esencia del periodismo sigue siendo la misma: dar voz a la comunidad y dejar constancia del tiempo que se vive.
Porque mientras haya memoria impresa —o digital— Tuxpan seguirá contando su propia historia.



