
El 16 de enero de 1837 nació Bernardo Arteaga Juncal, un personaje clave —aunque hoy poco recordado— en la historia económica y urbana de Tuxpan durante la segunda mitad del siglo XIX. Su nombre está ligado a una de las etapas más interesantes del desarrollo local: el momento en que el puerto comenzó a pensarse no solo como punto de intercambio fluvial y marítimo, sino como ciudad moderna en construcción.
Un hijo de su tiempo
Arteaga Juncal nació en un México aún joven como nación independiente, marcado por la inestabilidad política, pero también por un fuerte impulso emprendedor en las regiones portuarias. Tuxpan, entonces escrito con frecuencia como Túxpam, empezaba a consolidarse como un enclave estratégico de Veracruz Norte, con creciente actividad comercial, agrícola y mercantil.
En ese contexto, Bernardo Arteaga Juncal formó parte de una generación de empresarios y hombres de iniciativa que entendieron que el progreso no solo llegaba por decreto, sino a través de proyectos concretos que conectaran a la ciudad, dinamizaran su economía y ordenaran su crecimiento.
El proyecto del “tren de mulitas”
Uno de los episodios más citados en torno a su figura es su participación como socio fundador del llamado Ferrocarril Urbano de Tuxpan, conocido popularmente como el tren de mulitas. Este sistema de transporte —rudimentario pero visionario— buscaba facilitar el traslado de mercancías y personas dentro de la ciudad y sus alrededores, en una época previa a la electrificación y al automóvil.
Aunque el proyecto no alcanzó el desarrollo de los grandes ferrocarriles nacionales, representó un intento temprano de modernización urbana, y da cuenta del tipo de ciudad que sus promotores imaginaban: conectada, funcional y orientada al comercio.
Empresarios que hicieron ciudad
Más allá de un solo proyecto, la relevancia de Bernardo Arteaga Juncal radica en su papel dentro de una red de comerciantes, propietarios y gestores que influyeron en la configuración del Tuxpan decimonónico. Estas figuras impulsaron caminos, servicios, comercios y esquemas de organización que sentaron bases para el crecimiento posterior del puerto.
Su historia es también la de un Tuxpan que empezaba a dejar atrás su carácter estrictamente ribereño para transformarse en un centro urbano con aspiraciones regionales.
Memoria e identidad
Recordar el nacimiento de Bernardo Arteaga Juncal cada 16 de enero no es solo un ejercicio biográfico. Es una invitación a mirar el pasado local con atención, a reconocer a quienes, sin grandes monumentos ni estatuas, aportaron ideas, trabajo y capital para moldear la ciudad que hoy habitamos.
En la suma de estas trayectorias individuales se construye la verdadera historia de Tuxpan: la de sus calles, sus comercios, sus proyectos fallidos y sus aciertos. Y en esa historia, Bernardo Arteaga Juncal ocupa un lugar que merece ser recordado.









