El 15 de enero de 1855 quedó registrado en la historia regional como una de las fechas más significativas —y menos conocidas— del movimiento autonomista huasteco. En ese contexto, Tuxpan figuró como uno de los distritos clave de un proyecto político que buscaba reorganizar el mapa del país: la creación del llamado Estado de Iturbide.

El contexto nacional: crisis y ruptura

México atravesaba entonces una profunda crisis política. El régimen de Antonio López de Santa Anna se encontraba debilitado, y el Plan de Ayutla —proclamado en 1854— abrió la puerta a levantamientos regionales que no solo buscaban un cambio de gobierno, sino también nuevas formas de organización territorial.

En distintas regiones del país, viejas demandas locales reaparecieron con fuerza. En la Huasteca, esas exigencias tomaron forma en un proyecto autonomista con raíces sociales, económicas y culturales muy claras.

El proyecto del Estado de Iturbide

La propuesta del Estado de Iturbide pretendía agrupar una extensa franja de la Huasteca que incluía los distritos de:

  • Tuxpan
  • Ozuluama
  • Tantoyuca
  • Huejutla
  • Parte del sur de Tamaulipas

No se trataba de una ocurrencia improvisada. Desde décadas atrás, la región resentía el abandono administrativo, las grandes distancias con las capitales estatales y una identidad huasteca compartida que trascendía límites políticos. El nombre “Iturbide” buscaba dar legitimidad histórica al proyecto, evocando una figura asociada a la construcción del Estado mexicano.

La reunión de Ozuluama

De acuerdo con crónicas y estudios regionales, el 15 de enero de 1855 se intentó llevar a cabo una reunión política en Ozuluama, cuyo objetivo era proclamar formalmente la creación del nuevo estado y designar a su gobernador.

El encuentro representaba el punto culminante del movimiento huasteco, pero nunca llegó a consolidarse. La presión política y militar fue inmediata.

La reacción de los estados vecinos

Los gobiernos de Veracruz, Tamaulipas y del entonces Estado de México (al que pertenecía Huejutla, pues Hidalgo aún no existía como entidad federativa) consideraron el proyecto una amenaza directa a la integridad territorial. La respuesta fue contundente: represión armada, persecución de los líderes y disolución del movimiento. El Estado de Iturbide quedó reducido a un intento fallido, sepultado por la fuerza antes de nacer.

Tuxpan y la Huasteca: una aspiración frustrada

Aunque no existe un acta formal donde el Ayuntamiento de Tuxpan “secunde” institucionalmente el Plan de Ayutla, sí hay evidencia histórica de que actores políticos y militares locales simpatizaron y participaron en el movimiento huasteco. Para Tuxpan, puerto estratégico y punto de conexión comercial, el proyecto representaba la posibilidad de mayor autonomía, inversión regional y protagonismo político dentro de una Huasteca unificada.

Memoria histórica

El fracaso del Estado de Iturbide no borró la aspiración autonomista de la región. Por el contrario, dejó una huella profunda en la historia política de la Huasteca y explica, en parte, los procesos que décadas después derivarían en nuevas reorganizaciones territoriales.

Recordar el 15 de enero de 1855 es rescatar un episodio donde Tuxpan y la Huasteca imaginaron un destino propio. Un proyecto truncado, sí, pero revelador de una región que, desde el siglo XIX, ha buscado hacerse escuchar en la historia nacional.

EFEMÉRIDES DE LA SEMANA DEL 19/01 AL 25/01

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