
El 1 de noviembre de 1934, el doctor Zózimo Pérez Castañeda entregó las llaves de su casa para que ahí se instalara la naciente Escuela Secundaria de Tuxpan. El gesto permitió que una aspiración largamente compartida por la comunidad contara, finalmente, con un espacio donde desarrollarse.
La creación de aquella institución había comenzado meses antes. El 18 de julio de 1934, cerca de un centenar de tuxpeños se reunió en la Escuela Antonia Nava para integrar el Comité Pro Escuela Secundaria, con la aprobación de la Dirección General de Educación del Estado de Veracruz. De esa organización surgió también la primera Sociedad de Padres de Familia del plantel.
El proyecto adoptó como lema la frase «Enseñar es hacer patria». Para reunir los recursos necesarios se organizaron colectas y se solicitaron aportaciones a comerciantes, profesionistas, agrupaciones y familias de la ciudad. Muchos tuxpeños deseaban que sus hijos continuaran estudiando sin tener que abandonar el puerto.
En septiembre fue nombrado director el profesor Manuel Crisanto Tello Medorio, educador con amplia experiencia, quien comenzó a integrar al profesorado y a establecer las bases académicas de la nueva institución.
La fundación fue declarada públicamente el 3 de octubre de 1934 durante una ceremonia celebrada en el Teatro Álvarez. Días después, el 15 de octubre, comenzaron las labores mediante un curso transitorio impartido en un salón facilitado por la Escuela Primaria Superior Miguel Lerdo de Tejada.
Sin embargo, la secundaria todavía necesitaba una sede propia para desarrollar sus actividades. La solución llegó gracias al doctor Zózimo Pérez Castañeda, quien puso a disposición del plantel una casa situada cerca de la antigua avenida Hidalgo —hoy avenida Juárez— y de la calle de las Artes, vialidad que posteriormente recibió el nombre del propio médico.
El 1 de noviembre fueron entregadas formalmente las llaves del inmueble y la escuela pudo instalarse allí de inmediato. El acto no significó la donación definitiva de la propiedad, sino la cesión de su uso para sostener el proyecto educativo mientras se consolidaba.
Zózimo Pérez no se limitó a proporcionar el edificio. También se incorporó al profesorado e impartió las asignaturas de Francés y Física. De esta manera, convirtió una parte de su patrimonio en espacio de enseñanza y aportó personalmente sus conocimientos a varias generaciones de estudiantes.
En enero de 1935, la escuela contaba ya con 89 alumnos registrados. Su funcionamiento dependía todavía del esfuerzo colectivo: algunos profesores trabajaban sin cobrar, otros entregaban sus sueldos al patrimonio escolar y diversas organizaciones sociales contribuían con recursos para mantener abiertas las aulas.
La institución consiguió adquirir un edificio propio en 1938 y, con el paso de los años, adoptó el nombre de Escuela Secundaria y de Bachilleres Manuel C. Tello, en reconocimiento a su director fundador. Más tarde se trasladaría al inmueble construido sobre el actual bulevar Manuel Maples Arce.
La entrega de aquella casa representa uno de los actos de generosidad más significativos en la historia educativa de Tuxpan. En una época de recursos limitados, Zózimo Pérez Castañeda comprendió que una escuela no se levanta únicamente mediante decretos: también necesita ciudadanos dispuestos a abrir sus puertas.
Aquel 1 de noviembre de 1934, la llave de una vivienda particular se convirtió, simbólicamente, en la llave que abrió para numerosos jóvenes tuxpeños la posibilidad de continuar estudiando.











