
En una época en la que viajar por carretera podía convertirse en una jornada interminable, los pequeños aviones comenzaron a reducir las distancias entre las principales poblaciones de Veracruz. Tuxpan, por su actividad portuaria y comercial, fue incluido desde entonces en aquella primera red aérea regional.
El 1 de noviembre de 1934, el empresario y piloto aviador Francisco Buch Gómez de Parada puso en operación un servicio con base en el campo de aviación El Lencero, cercano a Xalapa. Sus aeronaves volaban hacia diferentes ciudades del estado, entre ellas Córdoba, Orizaba, Huatusco, Gutiérrez Zamora, Alto Lucero, Papantla y Tuxpan.
El acontecimiento aparece documentado en la historia institucional 50 años de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, que identifica a Buch como uno de los empresarios que impulsaron la aviación regional mexicana durante la década de 1930.
Un proyecto que comenzó en 1933
La idea había sido planteada formalmente un año antes. En noviembre de 1933, Buch solicitó al Gobierno Federal una concesión para establecer servicios aéreos dentro del estado de Veracruz.
Su propuesta buscaba comunicar poblaciones que dependían de carreteras difíciles, caminos de terracería, embarcaciones y largos recorridos terrestres. En ese contexto, el avión ofrecía una alternativa sorprendentemente rápida para pasajeros, correo y mercancías.
Aunque hoy un vuelo entre Xalapa y Tuxpan parecería innecesario por la existencia de carreteras modernas, en 1934 representaba un verdadero salto tecnológico. Los caminos eran lentos, las lluvias podían incomunicar regiones enteras y varios trayectos requerían combinar automóviles, trenes, lanchas o animales de carga.
El servicio de Buch permitió imaginar un Veracruz conectado por aire.
Los primeros aviones
La empresa llegó a contar con una flota de seis aviones Fairchild Pilgrim, aeronaves monomotor con capacidad aproximada para nueve pasajeros.
Entre sus pilotos estuvieron los hermanos Juan Pablo y Eduardo Aldasoro Suárez, además de Leo López y Luis Lyons. Los vuelos se realizaban entre campos de aviación sencillos, muchas veces acondicionados en terrenos abiertos y con infraestructura mínima.
No existían terminales como las actuales, sistemas electrónicos de navegación ni pronósticos meteorológicos con la precisión moderna. Los pilotos dependían de mapas, referencias geográficas, instrumentos básicos y conocimiento directo del territorio.
A pesar de esas limitaciones, la empresa consiguió establecer recorridos regulares. Con el tiempo fue conocida como Comunicaciones Aéreas de Veracruz y amplió sus servicios a otras poblaciones, entre ellas Poza Rica, Misantla, Vega de Alatorre, Cosamaloapan, San Andrés Tuxtla y Puerto México, hoy Coatzacoalcos.
Tuxpan, puerto estratégico
La inclusión de Tuxpan no fue casualidad. Durante las primeras décadas del siglo XX, la ciudad concentraba actividades portuarias, petroleras, agrícolas y comerciales. Era también un punto de enlace con Tampico, la Huasteca y los campos petroleros del norte de Veracruz.
El puerto recibía embarcaciones, mercancías, trabajadores, empresarios y representantes de compañías extranjeras. Contar con comunicación aérea permitía acelerar el traslado de personas, documentos y productos urgentes.
Tuxpan ya había formado parte de otras experiencias pioneras. Desde la década anterior existieron rutas aéreas que enlazaban la Ciudad de México, Tuxpan y Tampico, principalmente para transportar correo. El servicio iniciado en noviembre de 1934 añadió una conexión regional con Xalapa y diferentes poblaciones veracruzanas.
No fue la inauguración de un aeropuerto
La fecha debe interpretarse correctamente. El 1 de noviembre de 1934 no se inauguró un aeropuerto moderno en Tuxpan ni comenzó necesariamente una línea directa exclusiva entre Xalapa y el puerto.
Lo que ocurrió fue el inicio de operaciones de una red regional que incluyó a Tuxpan entre sus destinos. Los vuelos dependían de pequeños campos de aterrizaje y de aeronaves con capacidad limitada.
Sin embargo, aquel servicio confirmó algo que ya se advertía desde entonces: Tuxpan tenía suficiente importancia económica y estratégica para formar parte de las primeras rutas de la aviación civil veracruzana.
A más de nueve décadas de distancia, el episodio recuerda una época en la que abordar un pequeño avión era todavía una aventura y en la que cada nuevo itinerario representaba una promesa de progreso.








