El 1 de enero de 1947 no solo estrenó calendario: estrenó mito. Ese día llegó a las salas mexicanas “La perla”, obra cumbre del director Emilio “El Indio” Fernández, fotografía portentosa de Gabriel Figueroa, y actuaciones de Pedro Armendáriz y María Elena Marqués. El filme, basado en la novela homónima de John Steinbeck, se convirtió en un emblema de la Época de Oro del cine nacional, un relato sobre ambición, fatalidad y la eterna lucha del hombre contra su destino.

La cinta no tardó en encender la conversación en los puertos del Golfo. Tuxpan, Veracruz, ciudad de vocación marítima, espíritu ribereño y tradición pesquera, escuchó ese eco como propio: la historia de un pueblo costero que ve en una perla no solo riqueza, sino condena, tenía una resonancia natural con las comunidades que viven del río y del mar. Aunque no hay prueba documental abierta que confirme el rodaje en el Puente Tenechaco o la ribera tuxpeña, el imaginario popular suele vincular el filme con la atmósfera visual de Veracruz Norte: esteros, bruma, caballería federal y la solemnidad del Golfo como telón dramático.

“La perla” fue cine, pero también espejo.
Para los pueblos portuarios como Tuxpan, la película representó algo más que una historia ajena: fue una metáfora temprana de lo que un puerto entiende bien: que la riqueza que no se administra con ley y prudencia puede convertirse en tragedia. La misma moraleja que Steinbeck escribió en 1945 y que Fernández filmó en 1946, el Golfo la ha repetido muchas veces en la vida real: el auge sin orden se paga caro.

El estreno en 1947 marcó un punto de inflexión: el cine mexicano dejó de contarse solo a sí mismo y comenzó a contar al mundo desde sus costas. La historia de “La perla” es la historia del mar mexicano narrada con lenguaje universal.

Hoy, al recordarla desde Veracruz Norte, y particularmente desde Tuxpan, la efeméride sigue viva porque conecta con la identidad de una ciudad que ha sido protagonista del Golfo en comercio, vigilancia y cultura popular. Si el cine necesita puertos para existir, los puertos también necesitan historias para ser recordados.

Y esta, sin duda, es una de las más brillantes que abrió el año.


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