
El 1 de enero de 1872 marca una fecha decisiva en la historia de los puertos mexicanos. Ese día entró en vigor el Reglamento de Aduanas Marítimas y Fronterizas, una pieza normativa que reordenó por completo el régimen aduanero en toda la República. Su importancia no radica solamente en el rediseño legal de las aduanas: consolidó la apertura de México al comercio internacional tras décadas de conflictos internos y transformó la funcionalidad de puertos como Tuxpan, Veracruz.
Un reglamento para un país conectado
El México de mediados del siglo XIX buscaba integrarse de manera más efectiva a los circuitos comerciales globales. Las aduanas eran —y son— el corazón de esa integración, pues ponen en regla el intercambio de mercancías, controlan la entrada y salida de bienes y recaudan los derechos por la actividad portuaria.
El Reglamento de Aduanas Marítimas y Fronterizas de 1872 organizó:
- La estructura operativa de aduanas fronterizas y marítimas.
- La clasificación arancelaria de mercancías.
- Los procedimientos de despacho y vigilancia.
- Las sanciones por contrabando y evasión fiscal.
Y, con ello, creó las condiciones administrativas y legales para que muchos puertos que hasta entonces operaban de forma limitada o irregular pudieran habilitarse plenamente para el comercio exterior.
¿Qué significó para Tuxpan?
Aunque la normativa no menciona puerto por puerto en sus artículos, las consecuencias del reglamento fueron claras para Tuxpan, un puerto con historia desde el siglo XIX:
📌 Antes de 1872, Tuxpan ya tenía actividad ligada al comercio exterior desde al menos 1844, cuando se le autorizó como punto de recaudación aduanal y receptoría marítima. Sin embargo, su operatividad era dispersa y muchos procedimientos se resolvían de forma local o improvisada.
📌 Con la entrada en vigor del Reglamento de 1872, el puerto cobra formalidad legal plena, integrándose de forma ordenada al sistema aduanero nacional. Esto significó:
- Procedimientos claros y homologados para la entrada y salida de mercancías.
- Mayor vigilancia y control de la carga en muelles y embarcaciones.
- Recaudación oficial de derechos aduaneros con reglas definidas.
- Un marco que facilitó la llegada de comerciantes, navieras y empresarios que veían en Tuxpan un punto estratégico en el Golfo de México.
En otras palabras: Tuxpan se consolidó como un puerto funcional en el mundo globalizado del siglo XIX. No solo un muelle donde llegaban barcos, sino un nodo formal de comercio exterior sujeto a reglas claras y supervisadas por las autoridades federales.
Ecos de un cambio que perdura
El impacto del Reglamento de Aduanas de 1872 no se agota en la historia: sentó las bases legales para que el puerto de Tuxpan transitara, con los años, hacia lo que hoy conocemos como puerto habilitado para tráfico internacional de mercancías. Fue un paso institucional clave en la transición de aduanas dispersas y prácticas locales hacia un sistema aduanero moderno y regulado.
Hoy, cuando se reflexiona sobre la historia portuaria de Tuxpan, es imposible desligar la importancia de este documento del desarrollo económico y comercial del puerto en las décadas siguientes. El 1 de enero de 1872 fue, en realidad, el día en que el comercio exterior encontró una frontera legal más clara y organizada, y en esa frontera, Tuxpan ocupó un espacio legítimo para conectar México con el mundo.










