
Horas después de poner en funcionamiento la Casa del Campesino en la comunidad de Ojite, el diputado federal tuxpeño fue asesinado en Álamo. Tenía 45 años, era amigo y mentor político de Luis Donaldo Colosio y, en opinión de quienes conocieron su trayectoria, estaba destinado a competir algún día por la gubernatura de Veracruz.
El sábado 26 de julio de 1986 comenzó como una jornada más de trabajo político para Demetrio Ruiz Malerva. Nadie imaginaba que aquel recorrido por Veracruz Norte sería el último del diputado tuxpeño que ya figuraba entre las personalidades con mayor proyección dentro de la política estatal y nacional.
Ese día, Ruiz Malerva viajó a la comunidad de Ojite, perteneciente al municipio de Tuxpan, atendiendo una invitación del dirigente campesino Rubén Cruz Sagastume. Ahí puso en funcionamiento la Casa del Campesino, un espacio destinado a la organización y atención de los trabajadores del campo.
Fue su último acto público.
Al terminar la actividad se trasladó a Álamo para asistir a una reunión familiar. Mientras se encontraba allí, recibió una llamada de su compadre, el abogado y dirigente agrario Neftalí Estrada, quien le pidió que lo acompañara a un compromiso social que, según le explicó, solamente les quitaría unos minutos.
Demetrio aceptó y subió al vehículo con su compadre.
Nunca regresó.
Los interceptaron en un crucero de Álamo
Cuando circulaban por un crucero de la avenida principal de Álamo que entronca con el camino hacia Estero del Ídolo, varios hombres armados les cerraron el paso y dispararon contra el automóvil.
Demetrio Ruiz Malerva murió en el ataque. Tenía apenas 45 años y se encontraba en uno de los momentos más importantes de su carrera.
La versión transmitida por cronistas y personas cercanas al político sostiene que aquel día había sido asesinado un integrante de una familia de Álamo. Sus familiares, decididos a cobrar venganza, habrían confundido el vehículo en el que viajaban Ruiz Malerva y Neftalí Estrada.
“Por confusión, dicen los que saben”, escribió años después el cronista tuxpeño Obed Zamora al reconstruir las últimas horas del diputado.
La explicación de la equivocación circuló desde los primeros momentos posteriores al crimen. Sin embargo, debido al crecimiento político de Ruiz Malerva, su cercanía con personajes nacionales y los intereses que podían verse afectados por su futuro, su asesinato también generó dudas y sospechas que nunca desaparecieron por completo.
De bolero a diputado federal
La vida de Demetrio Ruiz Malerva había comenzado muy lejos de los grandes salones del poder.
Nació en Tuxpan en 1941 y creció dentro de una familia de recursos modestos. Durante su juventud trabajó como bolero en el parque de la ciudad, mientras estudiaba y desarrollaba una extraordinaria capacidad para hablar en público.
En la Escuela Secundaria y de Bachilleres Manuel C. Tello destacó como orador. Posteriormente estudió la licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y comenzó a participar activamente en el periodismo, la docencia y la política.
Colaboró en el semanario El Sol de la Huaxteca, junto a jóvenes periodistas que después ocuparían espacios importantes en medios nacionales. También fue catedrático, dirigente partidista, funcionario y consejero cultural de la Embajada de México en Cuba.
Ocupó tres veces una diputación federal y destacó en los trabajos legislativos relacionados con los medios de comunicación, particularmente en asuntos de radio y televisión. También fue jefe de prensa de la Cámara de Diputados y director de Comunicación Social de la Secretaría de Programación y Presupuesto.
En esa dependencia formó parte del círculo político encabezado por Carlos Salinas de Gortari y mantuvo relación con figuras como Manuel Camacho Solís, Rogelio Montemayor, Luis Donaldo Colosio e Ildefonso Guajardo.
Amigo y maestro político de Colosio
La relación entre Demetrio Ruiz Malerva y Luis Donaldo Colosio fue más allá de una coincidencia dentro del servicio público. Eran amigos y compartían una visión sobre la necesidad de transformar al Partido Revolucionario Institucional.
De acuerdo con testimonios políticos recuperados en Tuxpan, cuando Colosio llegó a la Cámara de Diputados encontró en Ruiz Malerva a un compañero experimentado que lo orientó en sus primeros pasos legislativos.
Años después, durante una visita como candidato presidencial a Tuxpan, Colosio le rindió homenaje públicamente. Ante un auditorio abarrotado en las instalaciones de la Unión Ganadera Regional del Norte de Veracruz, recordó al diputado tuxpeño como su amigo y como el hombre al que consideraba su maestro en la política legislativa.
Demetrio formaba parte del proyecto político que Colosio comenzaba a construir. Ambos coincidían en la necesidad de renovar al PRI, combatir los cacicazgos y evitar que el partido funcionara únicamente como una extensión de los gobiernos federal, estatal y municipal.
La muerte de Ruiz Malerva ocurrió ocho años antes del asesinato de Colosio en Lomas Taurinas. Esa coincidencia trágica llevó a que sus historias fueran recordadas en Tuxpan como dos destinos paralelos: dos políticos amigos, identificados con una corriente reformadora y cuyas carreras terminaron violentamente.
La relación entre ambos y el homenaje pronunciado por Colosio fueron reconstruidos en el artículo “Destinos paralelos: Luis Donaldo Colosio y Demetrio Ruiz”.
El futuro gobernador que no llegó
En 1986, Demetrio Ruiz Malerva se encontraba en el punto más alto de su trayectoria. Era diputado federal, mantenía relaciones importantes dentro del Gobierno de la República y contaba con una sólida presencia política en Veracruz Norte.
Sus amigos aseguraban que estaba contemplado para ocupar una posición relevante en la siguiente administración estatal. Algunas versiones indicaban que podía convertirse en secretario de Gobierno durante el gobierno de Fernando Gutiérrez Barrios.
Otros pensaban que aquello solamente sería un paso intermedio.
Para quienes conocían su capacidad política, su experiencia legislativa y sus vínculos nacionales, Demetrio Ruiz Malerva era un posible futuro gobernador de Veracruz.
Días antes de su muerte se había reunido con el gobernador Agustín Acosta Lagunes para gestionar beneficios destinados a los seis municipios de su distrito. Entre los proyectos planteados se encontraba el dragado de la barra de Tampachichi, una antigua demanda de los pescadores de la laguna de Tamiahua.
Su asesinato dejó inconclusas esas gestiones y terminó con una carrera construida desde las calles de Tuxpan hasta los círculos centrales del poder mexicano.
El regreso a Tuxpan
La noticia del crimen recorrió rápidamente Veracruz. Políticos, periodistas, funcionarios y dirigentes campesinos comenzaron a trasladarse a Tuxpan, donde el cuerpo fue velado en la casa de sus padres.
Su hijo menor se encontraba en Cuba y la familia esperó su regreso para realizar el sepelio. Finalmente, Demetrio Ruiz Malerva fue sepultado en el panteón municipal de Tuxpan.
Había muerto precisamente un 26 de julio, la fecha más importante de la Revolución cubana. La coincidencia tenía un significado especial: Demetrio había sido consejero cultural de México en Cuba y conocía profundamente la historia de aquel movimiento, cuyos expedicionarios salieron desde Tuxpan a bordo del yate Granma.
Cuarenta años después, su nombre permanece ligado a la historia política de la ciudad. No solamente por los cargos que ocupó, sino por todo aquello que pudo haber alcanzado.
La pregunta continúa abierta:
¿Qué habría ocurrido con Tuxpan y con Veracruz si Demetrio Ruiz Malerva hubiera sobrevivido?
La respuesta quedó suspendida aquel sábado 26 de julio de 1986, entre el último saludo a los campesinos de Ojite y los disparos que terminaron con su vida en un crucero de Álamo.



