2027: El principio del fin del Tsuru en el transporte público… o una prueba más de si la ley realmente se aplica
Durante décadas, el Nissan Tsuru fue más que un automóvil: fue el corazón del transporte público en Veracruz. No era el más moderno, ni el más seguro, pero sí el más confiable para quien tenía que trabajar todos los días. Económico, resistente y fácil de reparar, se volvió parte del paisaje urbano. Un símbolo, incluso.
Pero los símbolos también envejecen. El Tsuru dejó de fabricarse en 2017. No por capricho, sino porque ya no cumplía con estándares modernos de seguridad. Aun así, en México —y particularmente en Veracruz— siguió rodando como taxi, sosteniendo miles de economías familiares y resolviendo, a su manera, la movilidad de ciudades enteras. La ley, sin embargo, es clara: las unidades de transporte público no deben superar los diez años de antigüedad.
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Y el calendario no perdona. Si la norma se aplica como está escrita, 2027 marcaría el inicio del retiro definitivo de los últimos Tsuru modelo 2017 que aún circulan como taxis. No sería un cambio abrupto de un día para otro, pero sí el comienzo de una transición inevitable. O al menos, así debería ser. Porque en Veracruz —como en muchas partes del país— existe una distancia conocida entre lo que dice la ley y lo que ocurre en la calle. Unidades que rebasan la vida útil permitida, prórrogas silenciosas, tolerancias administrativas y una realidad económica que muchas veces se impone sobre la regulación.
Y ahí es donde el Tsuru deja de ser solo un automóvil. Se convierte en un termómetro. No del estado mecánico de los taxis, sino del estado de derecho. De la capacidad de las autoridades para hacer cumplir las normas sin excepciones discrecionales. De si las reglas aplican para todos… o solo para algunos.
Porque retirar al Tsuru no es únicamente una cuestión de modernizar el parque vehicular. Es también una decisión incómoda: implica costos para los concesionarios, presiones sociales y la necesidad de ofrecer alternativas reales. No basta con exigir renovación; hay que hacerla viable. Pero tampoco se puede seguir postergando indefinidamente.
Cada año que pasa sin aplicar la ley, el mensaje es el mismo: que las normas son negociables. Que el cumplimiento depende más de la tolerancia que de la obligación. Que el tiempo, por sí solo, no cambia nada.
En mi opinión, el año que entra, el 2027 no será solo el año en que un modelo icónico comience a desaparecer de las calles. Será una prueba. Una prueba de si Veracruz está listo para dejar atrás la inercia… o si el Tsuru, como tantas otras cosas, seguirá circulando no por derecho, sino por costumbre. Porque al final, esto no se trata de autos.
Se trata de si la ley, en Veracruz, realmente se aplica.



