Morena expulsa a Guadalupe Rodríguez y Ernesto Lara; los acusa de traicionar al movimiento y dañar a Tamiahua
El partido MORENA -según Citlali Medellín- expulsó a Guadalupe Rodríguez Torres y Ernesto Lara Ramos, ex figuras del poder municipal en Tamiahua, en una decisión que marca un rompimiento definitivo con un grupo político señalado por presuntos actos de corrupción, daño patrimonial y traición a los principios fundacionales del movimiento de la Cuarta Transformación.
La determinación, avalada por la dirigencia estatal del partido, ocurre en el contexto del proceso electoral extraordinario que se desarrollará en el municipio, luego de la anulación de la elección pasada. Con esta medida, Morena busca deslindarse públicamente de personajes que, de acuerdo con diversos señalamientos, habrían utilizado el poder público para beneficio personal, en detrimento de la hacienda municipal y de la ciudadanía.
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La diputada local Citlali Medellín Careaga, una de las voces más críticas del grupo expulsado, celebró la decisión y fue contundente: se trata —dijo— de personajes que “mintieron, robaron y humillaron al pueblo”, provocando un presunto daño patrimonial que superaría los sesenta millones de pesos. Señaló además que existen denuncias presentadas ante las instancias correspondientes y que deberán responder ante la ley.
La expulsión de Rodríguez y Lara representa también un mensaje político claro en vísperas de la elección extraordinaria: no habrá espacio en la coalición ni en las candidaturas para quienes cargan señalamientos de corrupción, y mucho menos para quienes —según acusaciones internas— operaron impugnaciones locales con el objetivo de retener el control político del municipio.
Fuentes partidistas confirmaron que ni Guadalupe Rodríguez, ni Ernesto Lara, ni su grupo cercano participarán en la coalición Morena–Partido Verde registrada ante el OPLE Veracruz, dejando sin margen de maniobra a un bloque político que durante 4 años concentró poder y decisiones en Tamiahua.
En mi opinión, para amplios sectores ciudadanos, la expulsión es vista como un acto tardío pero necesario, una señal de que la impunidad política comienza a resquebrajarse. Para otros, es apenas el primer paso: el siguiente, insisten, debe darse en los tribunales.
Lo cierto es que en Tamiahua el mensaje quedó claro: el poder no es eterno y la corrupción, tarde o temprano, cobra factura.


