Crónicas del insomnio: el “abuelito abandonado” que no quería entrar
Les voy a narrar lo que me sucedió en la madrugada. La una de la mañana no es hora para malas noticias, pero el teléfono no sabe de horarios.
Sonó.
—Oiga, hay un adulto mayor abandonado, se está mojando… ¡se puede morir de hipotermia! mande a Protección Civil o a alguien, es en la 9 oriente de la colonia Rafael Hernández Ochoa…
La voz del otro lado venía cargada de preocupación legítima, de esa alarma social que nace cuando alguien cree que otro está en riesgo. Medio dormido, pedí que me mandaran la ubicación por WhatsApp. Llegó puntual: calle, colonia, solicitud de anonimato. Todo parecía indicar una urgencia.
Como corresponde, se movieron las piezas. Llamada a DIF. Llamada a un asistente. Aviso a Protección Civil. El sistema respondió, incluso en plena madrugada. Después… silencio. Y sueño otra vez. ¡La neta me dormí!
Ya con el día encima, llegó la versión completa:
sí acudieron las autoridades,
sí revisaron el caso,
y no… no había abandono.
El “adulto mayor mojándose” estaba exactamente donde quería estar. No deseaba entrar aún a su casa. Estaba tranquilo. En su tiempo. Incluso apareció una hija que confirmó que todo estaba bajo control.
El malentendido nació de la escena: un señor quieto, de noche, bajo la intemperie. Para algunos vecinos, aquello parecía un abandono. Para otros, casi un Año Viejo fuera de temporada. La realidad era mucho más simple: un adulto mayor ejerciendo su derecho a decidir cuándo entrar… y quizá, por qué no decirlo, alargando la sobremesa de unas caguamas.
La anécdota es graciosa, sí. Pero deja una reflexión necesaria.
Los ciudadanos hacemos bien en preocuparnos y reportar posibles riesgos. Esa empatía es valiosa y necesaria. Pero también es importante confirmar, preguntar, observar con calma, antes de activar un sistema de emergencia que implica recursos, tiempo y personal que podría estar atendiendo situaciones realmente críticas.
No todo lo que parece abandono lo es.
No toda escena nocturna es una tragedia.
A veces, simplemente, es un señor disfrutando su noche… un poco de lluvia… y quizá una cerveza de más.
Crónicas del insomnio.
Donde el chisme despierta a medio Tuxpan…
y la realidad, al amanecer, siempre resulta menos dramática.


